Desarrollado por: Lic. Jocelyn Jiménez Pérez
".. fumar es una costumbre aborrecible para los ojos, odiosa para la nariz, dañina para la cabeza, peligrosa para los pulmones y cuyos humos negros y malolientes se parecen a los horribles humos del infierno.."
- Rey Jacobo I de Inglaterra; año de 1604 –
Hablar del tabaco significa en el caso de México remontarnos hasta los pueblos prehispánicos, entre los cuales este producto ya estaba al alcance de los grupos sociales y formaba parte, sobre todo, de sus ritos y manifestaciones religiosas. Durante el siglo XVI, con el descubrimiento y la exploración de territorios antes desconocidos para los occidentales, en el Nuevo Mundo se encuentran ya testimonios de la presencia del tabaco
en todo el continente americano. En su Historia de las Indias Fray Bartolomé de las Casas, relata el descubrimiento del tabaco por Rodrigo de Xerez y Luis Torres, miembros de la primera expedición de Cristóbal Colón.
Hallaron estos dos cristianos por el camino mucha gente que atravesaban a sus pueblos,
mujeres y hombres, siempre los hombres con tizón en las manos y ciertas hierbas para tomar sus sahumerios, que son unas hierbas secas metidas en una cierta hoja seca también, a manera de mosquete hecho de papel, de los que hacen los muchachos la pascua del Espíritu Santo, y encendida por una parte de él por la otra chupan o sorben o reciben con el resuello para adentro aquel humo, con el cual se adormecen las carnes y casi emborracha, y así dizque no sienten el cansancio. Estos mosquetes, o como los llamaremos, llaman ellos tabacos.
Es indudable la importancia que nuestros pueblos prehispánicos daban al tabaco y cómo éste fue uno de los productos más novedosos en Europa, desde que las primeras remesas de semilla de tabaco fueron enviadas, por encargo del misionero español Ramón Pané, desde la isla denominada La Española, hoy República Dominicana, a Sevilla, España.
A mediados del siglo XVI, la costumbre de fumar fue introducida por los marinos que regresaban del Nuevo Mundo en España y Portugal, y de ahí se expandió su consumo al resto de Europa. Es a partir del siglo XVII, que el tabaco es conocido como planta fumable en la mayor parte del mundo, por lo cual las principales potencias colonizadoras de la época proceden a organizar, sistematizar y monopolizar su cultivo en las colonias a efecto de comercializarlo y obtener ingresos adicionales para sus coronas.
Con la revolución industrial, a finales del siglo XIX, se da el surgimiento de la industria tabacalera moderna y su crecimiento a lo largo y ancho del planeta, con la consecuente repercusión e interacción política y económica en cada país donde se establece. La difusión del hábito, la conducta y la adicción de fumar, llevó en los años 50 del siglo XX a la realización de los primeros informes sobre la relación entre el tabaquismo y la salud de la población.
Se empezó a encontrar una relación evidente entre el consumo de este producto y la adquisición de enfermedades pulmonares y cardiovasculares. Con la aparición, en 1964, del Reporte del Cirujano General de los Estados Unidos sobre "Tabaquismo y Salud", se destaca esta relación directa entre el tabaco y la enfermedad.
Sin embargo, la evidencia científica, generada en el mundo en los últimos 40 años, ha sido concluyente: el tabaco es hoy en día uno de los productos más nocivos para la salud, por lo que se ha convertido, en una de las principales causas prevenibles de enfermedad y muerte.
La evidencia epidemiológica en el ámbito mundial es ilustrativa de lo que está ocurriendo.
Datos de la Organización Mundial de la Salud señalan que hay casi 1,100 millones de fumadores en el orbe, de los cuales 300 millones son de países desarrollados (relación de dos hombres por cada mujer), comparados con los 800 millones de fumadores en países en vías de desarrollo (siete hombres por cada mujer).
Del total de la población mundial, 30% de los adultos son fumadores y de éstos, 4 millones de personas fallecen al año, lo que equivale a la muerte de casi 11 000 personas diarias. Se estima que para el año 2020 habrá más de 8.4 millones de muertes anuales por enfermedades atribuibles al consumo del tabaco.
En México, desde hace tres lustros, la realización de múltiples estudios e investigaciones impulsadas por diversas instituciones de salud y especialistas en la materia ha permitido conocer aún más sobre el comportamiento del tabaquismo en México, para establecer las políticas requeridas de combate frontal a esta epidemia.
Desde 1988, con la primera Encuesta Nacional de Adicciones (ENA), aplicada en todo el país a personas de áreas urbanas de entre 12 y 65 años de edad, se empieza a tener una vigilancia epidemiológica más del comportamiento del tabaquismo. Esta encuesta nacional se ha llevado a cabo cada 5 años (1988,1993 y 1998), lo que ha permitido observar de manera detallada las tendencias que la epidemia muestra, mismas que se resumen de la manera siguiente:
- Prevalencia estable del consumo.
- Disminución en la edad promedio de inicio.
- Mayor consumo en menores de edad.
- Mayor consumo por mujeres.
Los datos de la Encuesta Nacional de Adicciones de 1998 indican que, 28% de la población entre 12 y 65 años de edad de área urbana, son fumadores activos, lo que representa más de 13 millones de personas fumadoras; además, 53% de la población son fumadores involuntarios o pasivos, lo que lleva a señalar que 7 de cada 10 personas en las ciudades de nuestro país, se encuentran en mayor o menor grado expuestas a los daños que el tabaco ocasiona.
En cuanto a la edad de inicio en el consumo del tabaco, el análisis de las Encuestas Nacionales de Adicciones demuestra que cada vez se empieza a fumar a más temprana edad; en la aplicada en 1998, si bien sigue predominando el inicio entre los 15 y 17 años (36.5%), se observa un incremento significativo en el grupo de menores de 15 años (21.7%), comparado con los resultados de las encuestas anteriores.
Si analizamos la proporción de fumadores que iniciaron antes de los 18 años, también podremos observar en los últimos años una tendencia creciente, mientras que en la ENA1988 esta proporción era de 52.2% (4839 074 personas), en la ENA 1993 fue de 56.8% ( 6 060 762 personas) y en la ENA1998 se incrementó a 61.4 (8 135 772 personas).
De igual modo, señalamos una tendencia hacia el incremento en el número de mujeres fumadoras; en la ENA1988, 29.4% de los fumadores eran mujeres, mientras que en la ENA1998 esta cifra se incrementó al 33.4%. Al comparar la proporción de hombres fumadores con respecto a mujeres fumadoras, en la ENA de 1988 era de 3:1, mientras que en la ENA de 1998 se encontró que la proporción disminuyó a 2:1.
La recopilación y el análisis de diversas fuentes de información respecto al tabaco en México, tales como las encuestas nacionales de adicciones, encuestas de accesibilidad al tabaco por menores de edad, análisis de costos, estudios de medición de cotinina, encuestas en poblaciones específicas como estudiantes adolescentes, universitarios, aspirantes a residencias médicas, personal de salud y personal magisterial, así como el Sistema de Vigilancia Epidemiológica de las Adicciones (SISVEA) que recientemente incorporó al tabaco como un componente básico de su red, permiten contar con información para los fines del O b s e r v a t o r i o.
Este Observatorio, a su vez, permite establecer políticas congruentes y realizar las modificaciones que éstas requieren para detener y disminuir el avance de la epidemia.
El tabaco es una de las principales causas prevenibles de enfermedad y muerte en el mundo, además de ser una sustancia adictiva, socialmente aceptada y de consumo legal. La Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que de la población mundial 30% de los adultos son fumadores, y de estos fumadores 3.5 millones fallecen al año, lo que equivale a la muerte de siete personas cada minuto por enfermedades relacionadas con el tabaquismo.
En México, el consumo per cápita ha disminuido de 1 501 cigarrillos anuales en 1970 a 754 cigarrillos para 2007; sin embargo, estimaciones conservadoras indican que en nuestro país mueren aproximadamente 122 personas por día debido a enfermedades asociadas con el tabaquismo; en total, más de 40 mil fumadores mueren al año.
A pesar de que en la actualidad se conocen los daños a la salud causados por fumar, el tabaquismo continúa en ascenso, especialmente en los países en desarrollo; por las proporciones alcanzadas se le considera una epidemia universal. Globalmente, hay casi 1 100 millones de fumadores, de los cuales 300 son de países desarrollados (relación de dos hombres por cada mujer), en comparación con los 800 en países en desarrollo (siete hombres por cada mujer). Estos datos apoyan la teoría de que la epidemia del tabaquismo ha llegado a su máximo punto en países desarrollados, pero se encuentra en ascenso en los países en desarrollo.
Proyecciones de la OMS indican que, si continúa el consumo actual, para el año 2020 habrá 10 millones de muertes anuales por enfermedades relacionadas con el consumo de tabaco, de las cuales siete de cada diez ocurrirán en países en desarrollo. Además, los países en desarrollo, como México, serán el blanco de las estrategias de las industrias tabacaleras transnacionales en busca de nuevos mercados de potenciales fumadores, en particular, entre los jóvenes y las mujeres.
Prevalencia del tabaquismo en México
Los primeros estudios realizados en México para conocer la prevalencia de fumadores iniciaron hace más de 20 años; sin embargo, la mayoría se llevaron a cabo en grupos de poblaciones heterogéneas o con metodología diferente, dificultando la comparación e identificación de tendencias en el ámbito nacional. La Dirección General de Epidemiología (DGE) y el Instituto Mexicano de Psiquiatría (IMP), de la Secretaría de Salud, realizaron la primera Encuesta Nacional de Adicciones en 1988 (ENA-1988) cuya metodología, adaptada del esquema propuesto por la OMS en 1980 permitió conocer la prevalencia y distribución del consumo de tabaco en la población urbana nacional de 12 a 65 años de edad. En 1993 se realizó la segunda Encuesta Nacional de Adicciones (ENA-1993), y para 1998 se llevó a cabo la tercera Encuesta Nacional de Adicciones (ENA–1998), con el propósito de conocer más a fondo esta problemática y así mejorar las estrategias de prevención y control del tabaquismo en México.
La prevalencia de fumadores obtenida en las tres encuestas nacionales muestra un discreto incremento.
En 1988, la prevalencia global de la población urbana entre los 12 y 65 años de edad, fue de 25.8%, mientras que en 1993 fue de 25.1%, incrementándose en 1998 a 27.7%. En cuanto a la prevalencia por sexo, ésta permaneció relativamente similar en las tres encuestas donde los hombres presentaron el mayor porcentaje de consumo.
Durante 1988 más de 9 millones de mexicanos eran fumadores activos, la mayoría hombres [6 549,400 hombres (71%) versus 2 724,600 mujeres (29%)]. Hacia 1998, estas cifras se incrementaron a más de 13 millones de fumadores con una proporción de 67% hombres y 33% mujeres. En 1988 la mayoría de los fumadores tenían entre 18 y 29 años de edad; para 1998 este mismo grupo de edad también presentó el mayor porcentaje de consumo (38.1%).
Algunos de los fumadores actuales comenzaron a fumar antes de los 18 años, aun cuando está prohibida legalmente la venta de tabaco a menores de edad. De aproximadamente 52% en 1988, la proporción de fumadores actuales que empezaron a fumar antes de los 18 años se incrementó a 61.4% para 1998, lo que apoya la teoría de que después de la adolescencia, si una persona no ha comenzado a fumar, aparentemente disminuye la probabilidad de que lo haga (en 1988 sólo 7.6% empezaron a fumar después de los 26 años, en 1993 7.4% y 5.5% en 1998).
Además, se ha observado que los motivos sociales tienen un gran peso en el inicio del tabaquismo: ocho de cada diez fumadores se iniciaron principalmente por la curiosidad y la presión de los amigos.
Niños y adolescentes: grupos de alto riesgo
Algunos de los factores que contribuyen a que los niños y adolescentes sean un grupo de riesgo para el consumo de tabaco incluyen, entre otros, la facilidad de acceso a los cigarros, la presión de grupo y la promoción de tabaco.
En México se ha identificado que el tabaquismo entre los niños y los adolescentes es un problema en ascenso. Asimismo, se observó en las Encuestas Nacionales que la prevalencia de fumadores adolescentes se incrementó de 7.7% en 1988, a 10.1% en la de 1998, y para la última, 2007, de 11.6%, lo que demuestra un incremento de 51% en los últimos 10 años, a pesar de que la Ley General de Salud prohíbe desde 1984 la venta de cigarros a menores de edad. De los fumadores entre 12 y 17 años de edad, se observa que aumenta el consumo de tabaco entre la primaria y la secundaria (20% versus 43%, respectivamente).
Además, la Encuesta Nacional sobre el Uso de Drogas entre la Comunidad Escolar de 1992, realizada por la Secretaría de Educación Pública (SEP) y el Instituto Mexicano de Psiquiatría (IMP), señala que tres de cada diez adolescentes, entre los 13 y 18 años, admiten haber fumado alguna vez, a pesar de que 89.3% consideran que fumar una o más cajetillas al día es peligroso y 73.2% consideran que sus amigos no lo aceptarían.
En dicho estudio se señala que entre los 13 y 14 años fue la edad en la cual la mayoría comenzó a fumar. En cuanto al género, 38.1% de los jóvenes y 20.2% de las jóvenes fumaron alguna vez.
Con el propósito de evaluar el porcentaje de expendedores de tabaco a menores de edad, y para comprobar la facilidad de compra de los adolescentes, en 1997 la DGE llevó a cabo una encuesta de accesibilidad a los cigarros en las 16 delegaciones del Distrito Federal y se comprobó que 79% de las tiendas visitadas les vendió cigarros; sólo 1% de los expendedores preguntó la edad al menor y 12% de las tiendas tenían señalamiento de la prohibición de la venta de tabaco a menores de edad, lo cual no se relacionó con la no venta del producto al menor.
El tabaquismo en los adolescentes representa un problema serio, ya que invita al consumo de otras drogas: se asocia a un mayor riesgo (14%) de consumo de mariguana y alcohol.6 Además, 97.2% de los fumadores consumen una segunda droga, principalmente alcohol, y el 83% consume una tercera: la mariguana.
Resulta prioritario señalar que para lograr un impacto significativo en la reducción del tabaquismo en los adolescentes, se requiere mayor cumplimiento de la legislación vigente, que prohíbe la venta de tabaco a menores de edad, para disminuir el acceso, sensibilizar a los expendedores y a la población sobre esta problemática, así como una regulación estricta de la promoción del tabaco para que ésta no se dirija a menores.
Prevalencia de fumadores involuntarios
Actualmente no existe duda alguna de que el tabaquismo causa daños en la salud de los fumadores activos.
Sin embargo, en los últimos años el tabaquismo también se ha asociado en los fumadores pasivos como un factor de riesgo de enfermedades relacionadas con su consumo. Un fumador pasivo es aquel no fumador (ex fumador o nunca fumador) que se expone involuntariamente al humo del tabaco, especialmente en un ambiente cerrado.
El humo del tabaco en el ambiente se deriva de la denominada fuente principal (fumador activo) y la colateral (aerosol de la combustión del tabaco). De esta última se deriva casi 85% del humo en un espacio cerrado, con una composición similar a la que se exponen los fumadores activos. Aunque el humo colateral se diluye en el aire la exposición es constante, además de mantener niveles elevados de carcinógenos y agentes tóxicos. Por lo tanto, se ha observado que el humo del tabaco incrementa el riesgo de daños a la salud del fumador involuntario, por ejemplo cáncer pulmonar e infarto agudo del miocardio, infecciones respiratorias y asma, éstas, especialmente en los niños de padres fumadores.
El principal lugar de exposición al humo del tabaco sigue siendo la casa, lo que conlleva la necesidad urgente de fomentar la educación en la familia para reducir el número de fumadores que exponen a sus miembros y a un conocido agente nocivo. Hoy hay aproximadamente 31 millones de personas expuestas a los daños a la salud causados por el tabaco, lo que representa poco menos de la tercera parte de la población total de México.
Mortalidad por enfermedades asociadas al consumo de tabaco
La enfermedad isquémica del corazón y los tumores malignos de pulmón, bronquios y tráquea ocuparon los primeros lugares en la mortalidad general en 1998.
La tasa de mortalidad por cáncer pulmonar es más elevada en los hombres, un reflejo del mayor consumo en este grupo, y desde 1985 hasta 2007 se ha incrementado en más de 24% en ambos sexos.
Se estima que en México más de 45 mil mexicanos murieron en el 2006 por enfermedades relacionadas con el consumo de tabaco .
Costos: impacto del tabaquismo
La magnitud del costo asociado con el tabaquismo se observa en los aspectos económicos, así como en el costo de vidas humanas. Los costos directos se estiman con base en la enfermedad causada (gastos en atención médica, atención al enfermo crónico y rehabilitación); la muerte prematura, (pérdida de años de vida productivos y ruptura familiar); el ausentismo laboral, (pérdida de días/hombre de la fuerza laboral) y el ausentismo escolar. De igual forma, la disminución en la calidad de vida de fumadores y fumadores pasivos.
En el ámbito familiar de nuestro país, comprar una cajetilla de cigarros equivale al 30% del salario mínimo diario, lo que a su vez equivale a comprar casi dos litros de leche.
El costo en atención médica se ha estimado en México: en el Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias (INER), en 1994, atender a los pacientes con cáncer de pulmón y enfisema representó 22% del presupuesto total asignado para la atención médica de dicho instituto para ese año. De igual modo, estimaciones del costo de atención por enfermedades asociadas con el tabaquismo (tumor maligno de tráquea, bronquios y pulmón, enfermedad pulmonar obstructiva crónica, enfermedad isquémica del corazón y enfermedad cerebrovascular) en el Instituto Mexicano del Seguro Social, nos muestran que durante 1994 representó para dicha institución una erogación diaria de más de 194 mil dólares, lo que significó un gasto anual aproximado de 71 millones de dólares.16 Podemos inferir que los costos asociados con el consumo de tabaco sobrepasan con mucho las ganancias que produce para el país la industria tabacalera transnacional.
Prevención y control del tabaquismo
Las estrategias de prevención y control del tabaquismo en México se han centrado en un punto de vista integral que contempla acciones de:
• Prevención
• Protección de los no fumadores
• Cesación y rehabilitación
• Control de la publicidad e
• Incremento de impuestos.
De igual modo, se han establecido acciones dirigidas al personal de salud, quienes como líderes de opinión deben buscar la cesación de esta adicción en sus pacientes, así como promover estilos de vida saludables al no fumar y recomendar no hacerlo. Sin embargo, en México la prevalencia de fumadores en el grupo de médicos es más elevada que en la población general, lo cual demuestra que no han asumido el papel que les corresponde en la prevención y control de esta adicción.
Por otra parte, se ha hecho énfasis en promover el liderazgo de los maestros como ejemplo y lograr que las escuelas sean lugares libres de humo de tabaco.
Resulta importante señalar que es necesario enfocar la información sobre los daños causados por fumar en los adolescentes y niños, así como promover estilos de vida saludables.
Asimismo, se han realizado convenios para proteger a los no fumadores, como el suscrito con aerolíneas nacionales para lograr que sus vuelos estén libres del humo de tabaco. Se realizan acciones en el ámbito de legislación, donde se han señalado nuevas restricciones en cuanto a la publicidad y promociones del tabaco para evitar que éstas se dirijan a menores de edad, y se estableció recientemente que dicha publicidad sólo pueda transmitirse en televisión y radio a partir de las 22 horas, y en cines, en películas clasificadas para adultos. Además de vigilar el cumplimiento de la legislación vigente, se consideró eliminar las máquinas autoexpendedoras de cigarros en lugares frecuentados por menores de edad, se prohibió la venta de tabaco por autoservicio y sueltos, y se ha mantenido un control del contenido de los productos del tabaco, obligándolos adicionalmente a señalar en su cajetilla el contenido de nicotina y alquitrán. De igual modo, el 31 de mayo de 2000 se modifica la Ley General de Salud con el propósito de proteger la salud de los no fumadores, lo que ocasiona que se publique en el Diario Oficial de la Federación del 27 de julio del mismo año el Reglamento sobre Consumo de Tabaco,
donde se establece con mayor precisión la prohibición de fumar en los edificios públicos. También se señaló que en lugares como cines, teatros, restaurantes, se destinen áreas libres de tabaco.
Así, el 3 de agosto del mismo año, se replantea y refuerza el Programa contra el Tabaquismo, con la finalidad de encauzar las acciones de manera primordial hacia la prevención y control de esta adicción, considerando, además, un sistema que permita evaluar y supervisar de manera integral dicho programa.
Sin embargo, es necesario enfatizar que la responsabilidad y los esfuerzos en la lucha contra el tabaquismo deberán ser compartidos, ya que sólo con una participación de los diversos sectores de la sociedad puede ser remontada esta epidemia.

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